¿Cuando volver a correr después de la rotura de LCA?

Como quizá ya sabes, el ligamento cruzado anterior (LCA) es un ligamento de la rodilla que ayuda a su estabilización y a prevenir el movimiento de la tibia hacia adelante.

 

La lesión típica que involucra este ligamento se produce en situaciones que requieren giros y cambios de dirección repentinos, que suelen darse por ejemplo en deportes como el fútbol, el baloncesto y el voleibol.

 

Y sobre el tratamiento de una lesión del LCA, depende sobre todo de la gravedad de la lesión y las necesidades del paciente, siendo muy importante individualizar cada caso.

 

Existen dos opciones de rehabilitación

 

Por un lado el tratamiento conservador, con el objetivo de fortalecer la musculatura del tren inferior y así recuperar la estabilidad y funcionalidad habitual.

 

Y por otro lado está el tratamiento quirúrgico, donde se reemplazará el LCA por un injerto de diversa etiología para después realizar un trabajo de terapia física.

 

Pero a lo que vamos…

 

¿Cuándo puedo volver a correr después de una lesión en el ligamento cruzado anterior?

 

La vuelta a la carrera es un proceso gradual, donde será importante que sigas las instrucciones de tu médico o fisioterapeuta.

 

En general, se recomienda que esperes al menos 12 semanas después de la cirugía para volver a correr. Sin embargo, el tiempo de recuperación puede variar en función de la gravedad de la lesión, edad y nivel de condición física (de 8 a 16 semanas).

 

Estos son los signos para saber que estás listo para volver a correr

 

El primero es la ausencia de inestabilidad en la rodilla al correr o realizar actividades similares, por lo que tus sensaciones y falta de miedo van a jugar un papel muy importante.

 

Además, el nivel de dolor debe ser tolerable o ninguno para realizar esta nueva actividad.

 

A nivel físico, será importante que hayas conseguido una extensión total de rodilla, una flexión casi completa (95% comparada con lado sano) y que no exista derrame en la articulación.

 

Además, el lado afecto deberá de tener un 80% de fuerza comparado con el sano. Eso lo puedes medir con un dinamómetro o con una prueba de fuerza (nosotros te ayudamos).

 

Para conseguir esto, es importante que sigas un programa de entrenamiento gradual.

 

Este debe incluir un fortalecimiento de la musculatura, lo que va a permitir estabilizar la rodilla y prevenir futuras lesiones.

 

Trabajar los impactos progresivos aportando diferentes estímulos como modificar la distancia y/o altura, y el trabajo del equilibrio y coordinación son fundamentales.

 

¿Qué puedes hacer una vez te has preparado y realizado un buen trabajo con tu rodilla?

 

Una vez llegues a este punto, puedes probar a comenzar caminando todos los días, aquello que tú seas capaz de tolerar, e ir aumentando poco a poco la distancia y duración de los paseos en función de tus sensaciones.

 

Si los paseos te ocasionan un nivel muy bajo o tolerable de dolor, vas ganando confianza y tienes la supervisión de tu profesional sanitario pertinente, puedes pasar a lo siguiente: combinar la marcha con el trote.

 

Comienza con períodos cortos y aumenta progresivamente la duración y la frecuencia de esta actividad.

 

El siguiente paso puede ser agregar sprints progresivos en tu recuperación. Los sprints ayudarán a mejorar tu velocidad y agilidad, además de mandarle un estímulo más potente a tus piernas, siempre y cuando sea tolerable y en los pasos anteriores no se produzca dolor.

 

En resumen, volver a correr después de una lesión del LCA es un proceso gradual. Es importante seguir las instrucciones de tu profesional de salud y seguir un programa de entrenamiento gradual y adaptado a tu caso concreto.

 

Y si necesitas ayuda y/o piensas que podemos ayudarte, estaremos encantados de hacerlo en nuestros centros de entrenamiento y fisioterapia ubicados en Manuel Becerra y Manuela Malasaña.